Padre e hijo somos apasionados del mundo de la caza desde que prácticamente teníamos uso de razón. Tradición heredada de generación en generación se ha convertido en nuestro propio estilo de vida.
Innumerables son las tertulias que van dirigidas casi en su totalidad a nuestro acompañante indispensable en las jornadas venatorias, antes nuestro perro de caza, ahora nuestro Epagneul Bretón.


Todo aficionado al mundo del cánido ha comenzado, normalmente, con un acompañante mestizo, aquel perro cruzado de sabueso con podenco, o de perdiguero con garabito. Y son estos perros o “chuchos” los que de alguna forma le marcan a uno para siempre, probablemente con alguna acción sorprendente, como ese conejo seguido a rastro y vuelto a la postura o esa perdiz de ala que después del cansancio de toda una jornada de caza consigue cobrar nuestro perro de muestra a rastro.

todo en la vida, tarde o temprano uno acaba por decantarse por un estilo de caza y con ello con un prototipo de cánido. Nuestra forma de caza requiere un ejemplar polivalente, muy dinámico y con grandes cualidades, pues nuestros cazaderos disponen de escenarios muy diversos y una perdiz muy brava. En nuestro caso hemos tenido la suerte de poder disfrutar de grandes perros de caza y ahora nuestra mayor ilusión es la de transmitir este estilo de vida a aquellos aficionados o futuros aficionados al mundo del Epagneul Bretón.

 

Gracias Papá por transmitirme este estilo de vida y Mamá por apoyarme tanto  en mi  Afición,
Álvaro Contreras del Moral a su padre Manuel  y su madre Mª Dolores.